La flecha envenenada

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Yao Sheng Shakya

Queridos amigos,

Muchas veces se cuestiona nuestra fe en el Budismo, o en sus prácticas o incluso nuestras convicciones espirituales en general. Viene alguien que presiona por detalles, y nos confronta con otros puntos de vista religiosos o espirituales, a veces, con frases hechas de gente “con autoridad”, quién seguramente debe saber mucho más que nosotros. Lo único importante en el Zen es salvarse de una existencia dolorosa, curar nuestras heridas y sentirnos completos y felices con nuestras vidas.

Buda, cuando predicaba, ilustró este hecho con la siguiente parábola:

– Supongan que un hombre ha sido herido con una flecha embebida en veneno. Los que lo acompañaban, rápidamente llamaron a un médico para que lo atienda y se haga cargo de las curaciones. Cuando éste se aprestaba a retirar la flecha, el herido le dice: “¡Espera! Antes de que este hombre me toque quiero saber a que casta pertenece… si es un Brahman, o un Guerrero, o un Mercader, o un Trabajador. No dejaré que este hombre me toque hasta saber más de él: quienes eran sus padres, de donde proviene su familia, si es honesto, o deshonesto, a qué dedica su tiempo libre… Además habrá que ver cómo es la flecha… de que está hecha, si de pino o bambú… si fue disparada por un arco simple o compuesto, hecho con una vara de madera o con huesos de buey. Estimo que todo esto es muy importante aclararlo antes de retirar la flecha…

Y así siguió el hombre preguntándose cosas que seguramente para él eran muy importantes… hasta que el veneno hizo su efecto y murió.

Ese es el consejo de la parábola: que cuando pidamos ayuda, aceptemos lo que nos brindan desinteresadamente y sin intentar analizar cada detalle, confrontando para conocer particularidades que no tienen nada que ver con el asunto.

El Zen es el camino de la simplicidad. No necesitamos ser tratados andantes de teología para empezar una práctica de meditación de diez minutos al día. No necesitamos conocer el mecanismo neurológico exacto para mostrar una sonrisa. No necesitamos aclarar una montaña de dudas para vivir con alegría en el momento presente.