Empieza y continúa

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Yao Sheng Shakya

 

Una torre de nueve pisos puede nacer de un puñado de tierra o,

Aquí, a tus pies, un viaje de mil millas puede comenzar.

Tao Te King

Versículo 64

 

Hoy quería hablarles de algo muy común. Sabemos lo que es bueno para nosotros, pero muchas veces no tenemos la constancia suficiente para hacerlo. Coincidimos en que ejercitarnos tres veces por semana y comer una fruta por día, seguro es muy sano y nos hará vivir más y mejor. Pero no lo hacemos. Tal vez hay gente que busca excusas y dice “eso no es para mí, odio el ejercicio, odio las frutas, los vegetales son para las tortugas”. Su ego se fijó sobre ciertos comportamientos y se los apropió. Yo soy esto, dicen airadamente. Y mientras digan eso, no pueden cambiar.

Pero hoy no le escribo a ellos (el Budismo no tiene una historia abundante de proselitismo feroz… y no creo mi deber cambiarla ahora). Mucha gente bien intencionada inicia alguna rutina saludable (tal vez una práctica de meditación, ejercitarse o cambiar su alimentación) y a los pocos días el hábito empieza a encogerse y palidecer. Si decidimos salir a caminar a diario luego del trabajo, invariablemente ocurrirá que a los dos días habrá una importante lluvia que nos hará quedar en casa. Y ya que hemos perdido un día de nuestra nueva rutina, al otro día, esa pila de ropa sucia nos exigirá ser lavada y a un día de olvido se le sumará otro más. Ya no fui ayer, no iré hoy, mañana retomamos con todo, nos repetimos. Pronto, la rutina habrá muerto sin pena ni gloria.

Déjenme que les cuenta una pequeña historia al respecto:

Había una vez, una mujer que se sentía agotada. En el pasado, había sido una madre ejemplar, trabajadora eficiente y gran ama de casa, pero poco a poco, una modorra lenta la había ido invadiendo hasta que las tareas más leves le costaban enormemente. Estaba contrariada y confundida por la situación, así que se dirigió al médico del pueblo.

El doctor, la revisó exhaustivamente y luego de hacerle gran cantidad de preguntas le dijo:

– Señora, no hay nada malo con Usted. Su corazón está bien, sus pulmones están sanos y sus reflejos son como los de una chica de quince años. Pero por lo que me cuenta, fue una mujer muy activa y poco a poco fue perdiendo esa actividad. Sé que esto no le parecerá muy científico de mi parte, pero la energía, cuanto más se gasta más se repone. ¡Tiene que gastar su energía diariamente para tener al otro día de sobra! Estará curada cuando pueda caminar diez kilómetros por día.

Y de esa manera, despidió a su paciente afablemente.

La buena mujer llegó a su casa, pero no sabía que hacer. En su estado, caminar diez kilómetros por día le parecía algo imposible. Así que no hizo caso del consejo durante un par de días, hasta que su hijo, que conocía la situación le dijo que visitara a un viejo maestro Chan, conocido por su sabiduría simple y sus buenos consejos.

Sin mucho que perder, se dirigió a visitar al maestro. Cuando llegó, el anciano la recibió amablemente y la invitó a tomar una taza de té. Una vez la mujer le expuso su situación el maestro le aconsejó:

–  Entiendo que su médico le recomendó caminar diez kilómetros diarios. Eso está muy bien, pero le será muy difícil pasar de la inactividad absoluta a hacer esa cantidad. Haga lo siguiente: cuando haya terminado de desayunar, salga a caminar una vuelta a la manzana de su casa. Al regresar, queme un poco de incienso y agradezca humildemente por haber podido completar su rutina. Agradezca por los beneficios que esto le traerá y ore por fuerzas para mantenerla religiosamente. Imagine su nueva rutina como un nuevo pilar en su vida: si el pilar se cae, su vida se derrumbará de nuevo. Su trabajo es mantener ese pilar en pie a toda costa. Si llueve, lleve un paraguas y dígase “mejor, esto me fortalecerá aún más”. Lo mismo si hace frío, abríguese. Si hace calor, llévese algo fresco para tomar. Use su creatividad para mantenerse en práctica como mejor le parezca. Pero no la abandone por ninguna razón. Cuando haya pasado una semana, incremente el recorrido: tal vez dos o tres vueltas. No tome una actitud de desafío consigo misma. Simplemente aumente razonablemente la cantidad de forma confortable. La fuerza no está en la intensidad o en la cantidad, la fuerza es la constancia. Así el agua vence a la roca, gota a gota, y no porque el agua sea más fuerte, sino porque no se rinde jamás. Si algún día, a pesar de todos sus esfuerzos, un problema imprevisto surge, trate de hacer su rutina en otro horario, si no puede bajo ningún aspecto, eleve una pequeña oración expresando su arrepentimiento. Pero, pase lo que pase no deje caer al pilar.

Y habiéndole aconsejado así, la despidió y le deseó suerte.

La mujer, siguió el consejo del maestro al pie de la letra y en pocos meses fue capaz de caminar los diez kilómetros diarios. Su autoestima mejoró y su cansancio desapareció. Con la ayuda del médico y del maestro Chan logró su objetivo, pero la fuerza residió en ella misma.

¿Cómo es que funciona el consejo del maestro? Lo importante, no es caminar diez kilómetros por día o cambiar de alimentación. La fuerza reside en el poder del hábito. Los hábitos, buenos o malos, son como rutinas que nuestro cerebro crea para facilitar la vida. Los hacemos sin pensar, tanto nos beneficien como nos perjudiquen. ¡Y es bastante difícil crear un hábito! Requiere tiempo, paciencia y dedicación. El maestro sabía que si le decía que camine los diez kilómetros por día, al segundo día, cansada del trajín abandonaría. El truco era empezar caminando unas pocas cuadras. De esa manera, la mujer no podría negarse. No buscaría excusas diciendo que estaba muy ocupada o que era muy débil para hacerlo. Y una vez arraigado el hábito, podría ampliarse según necesidad. A las pocas semanas de una rutina, la hacemos automáticamente, un indicador de que pasamos del esfuerzo conciente al hábito automático.

¡Sean constantes y podrán vencer muchas dificultades! Cómo se ha dicho: el camino tiene dos reglas: empieza y continúa.

 

Crédito: http://geologia.soopbook.es/