Announcement: Another Master Blooms in ZATMA

Ornamentation: A Form of Communication

I humbly accept the garland of master in hopes that it may strengthen both my resolve to continue on the path with vigilance and vigor. And to honor my teacher who gave without complaint. Let me follow in her footsteps and in the footsteps of all the women and men who have gone before me, those ancestors who made it to the summit.

My great hope in accepting this master mantle is to know it as beautiful as spring flowers, as clouds in the sky, as rain pouring down, as winds picking up and dry air coming before the crisp cold. It is both a beauteous ornamentation and a form for communication of the Dharma. It is one expression of the path that I have walked for many years. It is a way to connect with others as well as a direction of growth. I have no idea what will show up. I am willing to meet whatever it is.

In the Yi Ching the hexagram for Beauty is a fire below a mountain. The emblem of strength and solidity and yet, with a volcanic renewal underneath. Even mountains renew the old and are reshaped. I remember many years ago thinking of what I felt when I was with a master. In those that I was able to draw close to I experienced them as the sheer face of a cliff covered in a spectacular arrangement of ice. Impenetrable.  Unmovable. I felt as though I needed to pound pitons into my life to give birth to such a climb; to climb the mountain of the Dharma sometimes embodied in another. It took great care and great fearlessness.

It is in this spirit, the spirit of gratitude, I bow to this gift given at this time by Fǎshī Yao Xin Shakya who calls me his Dear Old Moon which feels just right.

May the merit benefit all beings in the ten directions.

Welcome Our New Novice Shen Na of Dharma Wind Zen Hermitage

Ordination de novice de Shen Na (Lena Savarit)

La DWZS/OZHY a la joie de vous annoncer la récente ordination de Lena Savarit!

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La cérémonie a eu lieu au Dharma Winds Zen Hermitage (Namur) ce mardi 30 mai 2017. Lena Savarit a reçu les préceptes de bonze novice dans le lignage Linji/Yunmen de notre Ordre ainsi que le nom de novice Shen Na (Profonde/Totale Acceptation) des mains de Shi YaoXin.

Puisse-t-elle aider tous les êtres à réaliser la Sublime Illumination!

Puissent tous les êtres l’aider à réaliser la Sublime Illumination!

Amituofo!

Amituofo!

Amituofo!

Shi YaoXin

DWZS/OZHY has the pleasure to share the ordination of Lena Savarit!

The Ceremony took place at Dharma Winds Zen Hermitage (Namur, Belgium) on May 30 2017. Lena Savarit received the precepts of a Novice Priest in the Linji/Yunmen lineage of our Order and the Dharma Name ShenNa (Profound Acceptation) from YaoXin Shi.

May she help all beings to realize Sublime Enlightenment!

May all beings help her to realize Sublime Enlightenment!

Amituofo!

Amituofo!

Amituofo!

Shi YaoXin

Dharma for the Polish!

Dear readers,

It is our pleasure to announce that a member of our Sangha, Mr. Marcin Koźlecki (Fa Yin) will be helping us in our effort to teach the Dharma. Marcin will be translating Ming Zhen essay “Dharma and Karma” and we will be publishing its two parts as soon as they are translated.

 

We appreciate Marcin efforts in order to expand our reach to Polish readers. Keep coming for updates!

 

This is a picture of Marcin and his son in a sunny day around the city of Łódź.

Jake Mason

Yao Xiang Shakya is pleased to introduce Jake Mason, a New Singer/songwriter.

And her Nephew’s son! But seriously, check him out…His debut release comes out in September…

 

Jake Mason

 

15 y/o singer/songwriter, Jake Mason, was born in Long Island, NY

and started to sing, dance, and write his own songs at an early age.  

His influences are Michael Jackson, J. Moss, Smokie Norful, Stevie Wonder,

Justin Bieber, and Usher.  

Dharma sprouts

Dear friends,

 

We wanted to share with you some beautiful pics of Hermela and Yonah, Yin Shan Shakya’s adorable children… and congratule their father, for these lovely Dharma sprouts!

 

Enjoy!

 

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Queridos amigos,

 

Queríamos compartir con Ustedes algunas bellas fotografías de los hijos de Yin Shan Shakya: Hermela y Yonah… y felicitar a su padre por estos encantadores brotes del Dharma!

 

¡Que las disfruten!

 

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Yonah and his father (Yin Shan Shakya)

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Hermela and Yonah

In memoriam: Yao Feng Shakya

With great regret we announce that our fellow Sangha Member, Rev. Yao Feng Shakya has passed away.

 

Yao Feng was a great artist who shared with us his contributions for many years. As long as we are able to contemplate his artwork and through it see beyond, a world of constancy and love, he will still be alive in our hearts and minds.

 

We extend our sincere condolences to his family in this sad moment.

 

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Author Credit: Yao Feng Shakya

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Author Credit: Yao Feng Shakya

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Author Credit: Yao Feng Shakya

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Author Credit: Yao Feng Shakya

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Author Credit: Yao Feng Shakya

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Author Credit: Yao Feng Shakya

Un dia para celebrar

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Yao Sheng Shakya

 

“Seis días trabajarás, mas en el séptimo día descansarás; aun sea en el tiempo de arar y de segar, descansarás.”

Éxodo 34:21

“Nunca confundas movimiento con acción”

Ernest Hemingway

 

Hoy quería hablarles de algo muy importante para todos nosotros: el descanso. Esta es la era de la civilización en donde se ha erigido como ídolo a la eficiencia. No sabemos bien para que queremos la eficiencia, pero a todos nos venden soluciones que nos permiten acercarnos al ideal: comida pre-lista, transportes rápidos, agendas sobre todo tipo de dispositivo o en la nube, métodos diversos para organizarse, videos motivacionales, pastillas mágicas que nos ahorrarán horas de ejercicios… en fin. Me pregunto de que le sirve a una persona ser eficiente si hace las cosas equivocadas. Si, por ejemplo, cursara un programa para ser el más tonto del barrio, lo lograría 15% antes que los demás (disculpen la exageración obvia). Tal vez, esa sea el fin de correr para todos lados: que nos libre de responder estas preguntas.

Aún peor, mucha gente se vuelve adicta a lo urgente. Todo el tiempo, les gusta estar haciendo cosas, no importa qué. La urgencia se vuelve como una droga sin la cual no pueden vivir y, como muchas drogas, les impide hacerle frente a las cuestiones importantes. Son como exploradores abriéndose paso a machetazos en la selva equivocada.

En las oficinas, pero sobre todo en algunas empresas donde el valor colectivo es la urgencia, las personas corren de acá para allá como gallinas sin cabeza, llevando papeles y carpetas en las manos, mandando correos electrónicos (la cantidad de correos enviados y llamados realizados es un parámetro de eficiencia en estos lados) y otras tareas que demuestren movimiento constante. Tal vez nadie entienda si están realmente logrando algo, pero no importa. Mientras nos movamos sin cesar, no sentiremos la necesidad de preguntárnoslo.

La proactividad, idea introducida por el psiquiatra Victor Frankl como “la libertad para elegir nuestra actitud frente a las circunstancias que nos ofrece nuestra propia vida”, ha sido tergiversada por los sectores de recursos humanos de todo el mundo para pedir “gente que se lance a resolver los problemas que surjan como polillas al fuego”. Victor Frankl era además un judío que fue llevado a los campos de concentración, donde perdió a su mujer y a sus padres. En el período de varios años donde fue sometido a todo tipo de privaciones y vejaciones, él desarrolló este concepto, con la íntima convicción de que a pesar de no tener grandes libertades externas (los guardias regulaban cada minuto de la vida de los prisioneros), nadie podría quitarle su libertad interior.

Aún más, el ocio, como actividades que realizamos en nuestro tiempo libre, se liga cada vez más al consumo. No sirve de nada tener tiempo libre si no tenemos dinero para gastar: restaurantes, reuniones con bebidas y alimentos exóticos, discotecas, parques temáticos, consolas de juegos, computadoras, teléfonos, tablets… parece ser la única forma de “disfrutar” ese tiempo libre.

Déjenme contarle un pequeña historia al respecto:

En la antigua China vivía un hombre conocido por su autoconfianza y trabajo duro. Había comenzado muy joven a trabajar en un comercio de comidas y, tras cumplir agotadoras jornadas de trabajo, había acumulado lo suficiente como para abrir su propio local.

La experiencia acumulada sumada a un manejo impecable de las compras y el esfuerzo que ponía en atender a los clientes hizo de su emprendimiento un éxito. Pocos años después, ya contaba con varias sucursales y había comenzado nuevos negocios en las ciudades vecinas.

A medida que su imperio comercial se expandía, también lo hacía su cansancio. Más negocios, más problemas que atender… adicionalmente, su éxito era un imán para los charlatanes, los ambiciosos, los estafadores, gente que robaba su atención a diario. Un día, exhausto, se dio cuenta de que a pesar de su riqueza material, su vida era miserable y sin sentido. No sabía que hacer. Se sentía un poco humillado… imagínense. Toda una vida trabajando para conseguir esto y se daba cuenta de que a su alrededor todo se desplomaba. Su esposa y sus hijos, que una vez habían sido su pilar y la fuente de sus motivaciones, se habían vuelto unos extraños para él. Secretamente, pensaba que lo soportaban más bien. Pensó en que cosas compartían… y no se le ocurrieron muchas cosas más que el techo. Se sentía desorientado y deprimido, así que se decidió a visitar a un viejo maestro Chan que vivía tras las montañas para pedirle consejo. El viaje duraba un par de días, así que avisó a su familia y a los encargados de sus negocios y partió.

El camino era precioso: los bosques vestían tonalidades rojizas y amarillas en el fresco otoño y la brisa traía consigo el frescor de la nieve de las cumbres. Las montañas azules, perfectas y silenciosas se recortaban en el horizonte, inalcanzables. Cada paso que daba aflojaba el nudo en su pecho y esperaba con ansia el encuentro con el maestro. Por las noches, acampaba y comía algunos vegetales que mezclaba con trigo seco y agua.

Un día, cuando estaba por amanecer, llegó a la cabaña donde vivía el maestro. Era un hombre muy anciano, aunque sus movimientos mostraban una gran agilidad. Cuando él llegó, estaba absorto contemplando una tetera de hierro sobre el fuego. Su sonrisa le inspiraba confianza y tranquilidad. El maestro, lo invitó a sentarse en un tronco junto al fuego y le ofreció una taza de té hirviente. Una vez le hubo contado su estado interior y el dilema que cargaba sobre sus hombros, el viejo monje simplemente sonrío y le dijo:

– Buen hombre, vienes a mí abatido y cansado. No hay nada de malo en tus negocios, me cuentas que siempre has obrado con honestidad y esfuerzo. Pero así, como el caminante detiene su marcha y observa el Sol y las estrellas para saber si va en la senda correcta, es justo detenerse de vez en cuando. Todo en este mundo es transitorio, tú, yo, tus riquezas, incluso este bosque y estas montañas desaparecerán a su tiempo. El hombre del Zen lleva dentro su tesoro y va por el mundo con alegría sabiendo que nadie se lo podrá quitar. Buda predicó que esta vida era amarga y dolorosa justamente a causa de nuestros deseos… y que la única forma de salir era acabar con ellos.

– Maestro, he invertido años de mi vida de esta manera y me siento incapaz de cambiar. En mi juventud, me juré que algún día sacaría a mi familia de la pobreza y les daría las comodidades que se merecían. Pero ahora me siento como el árbol que ha derramado toda su savia y ya no tiene más para dar. Estoy muerto por dentro. Sus palabras me conmueven, pero muéstreme un camino que pueda seguir.

– Hijo, no hay recetas mágicas. Cada uno tiene un camino diferente que recorrer. No te arrepientas demasiado. Si no hubieses llegado a este punto, jamás te habrías dado cuenta de lo vacío que era vivir para el mundo. Afortunada o no, tu decisión te trajo aquí. Y si estás aquí, es porque el trabajo invisible ha comenzado. Cada día, una vez terminada tu labor, llega a tu hogar y despréndete de lo que lleves. Báñate con tranquilidad y ceremonia y deja que tus pensamientos se aquieten. Luego, medita. Respira profundamente y siente como, poco a poco, los pensamientos se van como burbujas en la corriente. Siéntate a la mesa con tu esposa, con tus hijos, escúchalos. Ellos no sólo necesitan de tu dinero, sino de ti. Necesitan tu consejo, tu abrazo, tu sonrisa. Practica de esta manera. Un día a la semana, haz las previsiones para dedicarte completamente al Dharma. Medita, pasea por el bosque, comparte con los tuyos las horas que ya no volverán.

– Hay gran sabiduría en tus palabras, pero ¿Qué será de mis negocios? Se resentirán y me arruinaré. La gente que me miraba con admiración no se molestará en saludarme, incluso mi familia me dará la espalda.

– Ese es tu ego hablando. Tu no eres tus negocios, si no, no estarías aquí. Dedícate a ellos, pero no le entregues completamente tu corazón. No dejes que tu estima esté ligada solamente a tu éxito o a tu fracaso. Aquí debes luchar. Cada vez que te encuentres atrapado por este tipo de pensamientos, déjalos irse. Puedes manejar tus actividades sin orgullo ni apego, aunque no lo creas. No regales con ligereza tu tesoro.

Los dos hombres intercambiaron unas palabras más y luego se separaron. Al volver a su ciudad, nuestro protagonista cambió su forma de vivir. Poco a poco, su vida floreció nuevamente. Había aprendido el valor del verdadero descanso.

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Lago Escondido, Bariloche, Argentina. Foto: Yao Sheng Shakya

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Empieza y continúa

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Yao Sheng Shakya

 

Una torre de nueve pisos puede nacer de un puñado de tierra o,

Aquí, a tus pies, un viaje de mil millas puede comenzar.

Tao Te King

Versículo 64

 

Hoy quería hablarles de algo muy común. Sabemos lo que es bueno para nosotros, pero muchas veces no tenemos la constancia suficiente para hacerlo. Coincidimos en que ejercitarnos tres veces por semana y comer una fruta por día, seguro es muy sano y nos hará vivir más y mejor. Pero no lo hacemos. Tal vez hay gente que busca excusas y dice “eso no es para mí, odio el ejercicio, odio las frutas, los vegetales son para las tortugas”. Su ego se fijó sobre ciertos comportamientos y se los apropió. Yo soy esto, dicen airadamente. Y mientras digan eso, no pueden cambiar.

Pero hoy no le escribo a ellos (el Budismo no tiene una historia abundante de proselitismo feroz… y no creo mi deber cambiarla ahora). Mucha gente bien intencionada inicia alguna rutina saludable (tal vez una práctica de meditación, ejercitarse o cambiar su alimentación) y a los pocos días el hábito empieza a encogerse y palidecer. Si decidimos salir a caminar a diario luego del trabajo, invariablemente ocurrirá que a los dos días habrá una importante lluvia que nos hará quedar en casa. Y ya que hemos perdido un día de nuestra nueva rutina, al otro día, esa pila de ropa sucia nos exigirá ser lavada y a un día de olvido se le sumará otro más. Ya no fui ayer, no iré hoy, mañana retomamos con todo, nos repetimos. Pronto, la rutina habrá muerto sin pena ni gloria.

Déjenme que les cuenta una pequeña historia al respecto:

Había una vez, una mujer que se sentía agotada. En el pasado, había sido una madre ejemplar, trabajadora eficiente y gran ama de casa, pero poco a poco, una modorra lenta la había ido invadiendo hasta que las tareas más leves le costaban enormemente. Estaba contrariada y confundida por la situación, así que se dirigió al médico del pueblo.

El doctor, la revisó exhaustivamente y luego de hacerle gran cantidad de preguntas le dijo:

– Señora, no hay nada malo con Usted. Su corazón está bien, sus pulmones están sanos y sus reflejos son como los de una chica de quince años. Pero por lo que me cuenta, fue una mujer muy activa y poco a poco fue perdiendo esa actividad. Sé que esto no le parecerá muy científico de mi parte, pero la energía, cuanto más se gasta más se repone. ¡Tiene que gastar su energía diariamente para tener al otro día de sobra! Estará curada cuando pueda caminar diez kilómetros por día.

Y de esa manera, despidió a su paciente afablemente.

La buena mujer llegó a su casa, pero no sabía que hacer. En su estado, caminar diez kilómetros por día le parecía algo imposible. Así que no hizo caso del consejo durante un par de días, hasta que su hijo, que conocía la situación le dijo que visitara a un viejo maestro Chan, conocido por su sabiduría simple y sus buenos consejos.

Sin mucho que perder, se dirigió a visitar al maestro. Cuando llegó, el anciano la recibió amablemente y la invitó a tomar una taza de té. Una vez la mujer le expuso su situación el maestro le aconsejó:

–  Entiendo que su médico le recomendó caminar diez kilómetros diarios. Eso está muy bien, pero le será muy difícil pasar de la inactividad absoluta a hacer esa cantidad. Haga lo siguiente: cuando haya terminado de desayunar, salga a caminar una vuelta a la manzana de su casa. Al regresar, queme un poco de incienso y agradezca humildemente por haber podido completar su rutina. Agradezca por los beneficios que esto le traerá y ore por fuerzas para mantenerla religiosamente. Imagine su nueva rutina como un nuevo pilar en su vida: si el pilar se cae, su vida se derrumbará de nuevo. Su trabajo es mantener ese pilar en pie a toda costa. Si llueve, lleve un paraguas y dígase “mejor, esto me fortalecerá aún más”. Lo mismo si hace frío, abríguese. Si hace calor, llévese algo fresco para tomar. Use su creatividad para mantenerse en práctica como mejor le parezca. Pero no la abandone por ninguna razón. Cuando haya pasado una semana, incremente el recorrido: tal vez dos o tres vueltas. No tome una actitud de desafío consigo misma. Simplemente aumente razonablemente la cantidad de forma confortable. La fuerza no está en la intensidad o en la cantidad, la fuerza es la constancia. Así el agua vence a la roca, gota a gota, y no porque el agua sea más fuerte, sino porque no se rinde jamás. Si algún día, a pesar de todos sus esfuerzos, un problema imprevisto surge, trate de hacer su rutina en otro horario, si no puede bajo ningún aspecto, eleve una pequeña oración expresando su arrepentimiento. Pero, pase lo que pase no deje caer al pilar.

Y habiéndole aconsejado así, la despidió y le deseó suerte.

La mujer, siguió el consejo del maestro al pie de la letra y en pocos meses fue capaz de caminar los diez kilómetros diarios. Su autoestima mejoró y su cansancio desapareció. Con la ayuda del médico y del maestro Chan logró su objetivo, pero la fuerza residió en ella misma.

¿Cómo es que funciona el consejo del maestro? Lo importante, no es caminar diez kilómetros por día o cambiar de alimentación. La fuerza reside en el poder del hábito. Los hábitos, buenos o malos, son como rutinas que nuestro cerebro crea para facilitar la vida. Los hacemos sin pensar, tanto nos beneficien como nos perjudiquen. ¡Y es bastante difícil crear un hábito! Requiere tiempo, paciencia y dedicación. El maestro sabía que si le decía que camine los diez kilómetros por día, al segundo día, cansada del trajín abandonaría. El truco era empezar caminando unas pocas cuadras. De esa manera, la mujer no podría negarse. No buscaría excusas diciendo que estaba muy ocupada o que era muy débil para hacerlo. Y una vez arraigado el hábito, podría ampliarse según necesidad. A las pocas semanas de una rutina, la hacemos automáticamente, un indicador de que pasamos del esfuerzo conciente al hábito automático.

¡Sean constantes y podrán vencer muchas dificultades! Cómo se ha dicho: el camino tiene dos reglas: empieza y continúa.

 

Crédito: http://geologia.soopbook.es/

A fish in the pond

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Artist: Jiaoyuan Fa Shakya

(A gift from Jiaoyuan Fa for our sangha. Thank you!)

 

For a Buddhist, days are quite ordinary and not so quite. We try “to chop wood and carry water” like Layman Pang did, striving not to get entangled with the hooks of Samsara. We live in this world also. We have to go to work, pay taxes, take care of a family… But sometimes, in moments that are pretty ordinary, somehow we get glimpses of that Other World. This is reassuring, and we feel in these little instants, blessed. We want to dance like David in front of the Ark. No other like Witter Bynner would have expressed it like this:

There is a dear weariness of love…
Hand relaxed in hand,
Shoulder at rest upon shoulder.
And to me that pool of weariness is more wonderful
Than crater, cataract,
Maelstrom, earthquake…
For it is a double pool
In which lie, silent,
The golden fishes of sleep

(Weariness, Witter Bynner)

*  *  *  *  *

Para un Budista, los días son bastante ordinarios (o no tanto). Tratamos de “cortar leña y acarrear agua” como hacía Pang el Seglar, tratando de no quedar atrapados en los anzuelos del Samsara. Vivimos en este mundo: tenemos que ir a trabajar, pagar los servicios, cuidar de nuestra familia. Pero a veces, en momentos bastante ordinarios, podemos vislumbrar un destello de ese Otro Mundo. Es como volver a casa, en estos instantes nos sentimos bendecidos. Nos gustaría danzar como David en frente del Arca. Ningún otro como Witter Bynner lo podría haber expresado así:

Existe una tierna fatiga en el amor…

las manos unidas, relajadas,

los hombros, tocándose, descansando.

Y para mí, este estanque de fatiga es más precioso

Que todos los cráteres,

las cataratas,

todos los maelstrom y terremotos del mundo.

Porque es un estanque

en donde reposan, en silencio

los dorados peces del sueño

(Weariness, Witter Bynner, traducción libre de Yao Sheng Shakya)

El regalo de los insultos

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Yao Sheng Shakya

 

Hace poco, una señora me consultó la mejor forma de tratar con las agresiones ajenas. No es un secreto para nadie que hay mucha gente agresiva suelta por ahí. La violencia verbal adquiere diversos aspectos: provocaciones, insultos lisos y llanos o una versión más sutil que incluye arrastrarnos a tomar partido en una cuestión que no nos interesa o involucra, bajo pena de sufrir los desaires del orador… somos arrastrados a una conversación que no nos involucra y cuyo único corolario será elevar la presión, los latidos y los niveles de adrenalina en sangre del que participe en ella.

Nuestros preceptos budistas, establecen en primer lugar que no iniciemos ninguna forma de agresión (en esto hay que ser razonables, claramente, defenderse de un acto violento cuando peligra nuestra integridad o la de alguien bajo nuestro cuidado es perfectamente permisible).

Más allá del aspecto moral del precepto, está el aspecto práctico: si no iniciamos agresiones, reducimos la posibilidad de que nos agredan, evitamos llamar la atención de aquellas personas pendencieras que están a la busca de un blanco. Esto disminuye la ansiedad que podemos sentir en el nuestra vida diaria. Karma significa “causalidad”. Si no sembramos agresión, no cosecharemos represalias.

¿Pero qué ocurre si no habiendo provocado a nadie nos volvemos blancos de algún tipo de agresión? Muchas veces, es como si lleváramos un blanco pintado en la espalda. Un trabajador eficiente, por ejemplo, muy probablemente atraerá sobre sí el ataque (público o furtivo) de algún colega menos agraciado. Las frustraciones de los demás serán proyectadas sobre nosotros por cualquier motivo: porque nuestro jardín es más bonito, porque tenemos más (o menos) dinero o porque tenemos (o no tenemos) dos hermosos hijos. La lista es infinita.

La siguiente historia plantea una de las posibles formas de hacer frente a estas situaciones.

En una aldea rural de China vivía un viejo maestro Chan. En su juventud, había sido fogoso y aguerrido, capaz de dominar varios estilos de artes marciales, además de un gran meditador. Como si esto fuera poco, era increíblemente hábil para predicar el Dharma y ayudar a los demás a encontrar el Camino. Pero ahora, habiendo llegado el momento de su retiro, se había construído una pequeña cabaña en una comarca remota para disfrutar de su dorada vejez.

Un buen día, llegó al pueblo un joven que había oído de la fama del viejo maestro. Sus puntos de vista, él pensaba, eran diametralmente opuestos a lo del marchito predicador. Además, sus enfoques eran más creativos y sutiles que los del viejo. Se sentía superior en muchos aspectos y de alguna forma receloso de la fama del monje.

Así, con el objeto de “ponerlo en su lugar”, se dirigió al retiro del maestro y lo encontró tomando alegremente el té con algunos de sus antiguos discípulos que estaban de visita. Ahí mismo le espetó:

– Monje, he escuchado tus doctrinas por doquier, pero para mí todo lo que dices no son más que sinsentidos, confundes a la gente con palabrerío inútil y tus pensamientos no tienen sustancia.

El joven, esperó ansiosamente la respuesta, pensando que había clavado su puñal ahí donde dolía. Razonó que el maestro no tardaría en responder y, así, enzarzados en un dramático debate, quedaría clara su superioridad y dejaría en blanco sobre negro frente a los presentes, que el viejo era un farsante. Pero el maestro, se limitó a sonreir y tomar el té, sin apartar la vista del muchacho.

El silencio, enfureció al retador, quién volvió a la carga varias veces subiendo el tono cada vez: atacó sus viejas enseñanzas, lo citó, refutó sus puntos de vista invocando a los clásicos antiguos, puso en duda sus cualidades morales y llegó al final a los gritos, gesticulando como un molino y con la cara roja de ira. Incapaz de discutir con alguien que se limitaba a sonreír y tomar té, se fue airadamente, maldiciendo en voz alta hasta que se perdió de vista.

Los discípulos del maestro estaban conmocionados. ¿Quién era este joven? ¿Y cómo podía ser que el maestro no se haya defendido ante semejantes ataques a la tarea de toda su vida? La Doctrina de Buda había sido atacada y el maestro, hábil polemista y lector de sermones en su juventud no había dicho una sola palabra. Exigían una explicación, una réplica inmediata.

Viendo el sufrimiento de sus discípulos, el maestro sonrío una vez más y habiendo terminado su té, le preguntó a la persona que estaba a su derecha:

– ¿Si alguien se acerca a ti con un regalo y tú no se lo aceptas? ¿De quién es el regalo?

A lo que el discípulo le contesto:

– Si yo no lo acepto, entonces, todavía es de quien lo trajo.

El maestro remató entonces su conclusión:

– Lo mismo vale para la envidia, la rabia y la violencia. Si adquieres la habilidad de reconocer estas emociones en otros y no las aceptas, es decir no te haces cargo de ellas, entonces, se quedan con ellos y continúan perteneciendo a quienes las llevan.

Y así es, queridos amigos, como el viejo maestro lidiaba con este tipo de agresiones. Muchas veces creemos que es nuestro derecho constitucional aleccionar a todos los que nos agreden o dicen algo con lo que no estamos de acuerdo como si fuéramos justicieros… pero lo cierto, es que lo único cambia, no es nuestro agresor, sino nuestro pulso y nuestro día que se arruina.

¡Sean cuidadosos y aprendan a no aceptar estos “regalos”! ¡Es un arte que bien vale la pena aprender!